Juegos sexuales: ¡Atame!
Una de las fantasías sexuales más comunes, tanto en hombres como en mujeres, es la de sentirse dominado, junto a la de sentirse amo de la pareja.
Un poco de emoción
Aunque todas las personas en algún momento han tenido la fantasía de ser dueños absolutos de la relación o la de sentirse totalmente dominados, lo más corriente es que ésta permanezca en la mente y nunca llegue a expresarse. Algunas parejas la disfrutan en vídeos o en relatos y a otras les sirve para añadir un poco de emoción a su vida sexual.
Los juegos de ataduras están de moda, así que es un buen momento para hablar de ellos. Lo más interesante es que pueden intercambiarse los roles: unas veces, uno hará de dominante, y otras, de dominado. Así, puede vivirse la emoción de ser poderoso o sometido.
Hay que ponerse de acuerdo
La idea principal es no hacerse daño, por lo que es importante que antes de empezar a jugar, la pareja se ponga estrictamente de acuerdo en lo que se puede y no se puede hacer, para que ambos estén seguros y confiados de que nada de lo que vaya a pasar será peligroso.
También es bueno que la cama reúna determinadas condiciones. Una cama antigua, de madera, bronce o hierro, con hermosos barrotes en cabecera y pies, es un elemento deseable para la puesta en escena, pero como no todo el mundo tiene este tipo de camas, hay que buscar otra forma de que las ataduras queden sujetas.
Para atar a tu pareja, busca materiales suaves, como cordones tipo cortinas, foulards de seda, medias o cintas del pelo. Los imaginativos pueden usar pañuelos orientales de gasa; los chicos malos, corbatas; los vaqueros, cuerdas; y los médicos y las enfermeras, vendas.
Lo mejor es que, antes de iniciar la sesión, cada uno elija qué papel quiere representar o que se eche a suertes en una partida de strip-pocker.
Toma las precauciones necesarias para que las ataduras no hagan daño, y para que puedas mover el cuerpo de tu pareja como más te guste. Empieza anudando sus muñecas y tobillos a la cabecera y a los pies de la cama.
Con sus brazos y piernas bien sujetos, está en tus manos, tú eres ahora el dueño/a de su cuerpo.
Cuando es él quien está atado…
Ahora lo tienes a tu merced, todo su cuerpo es tuyo para explorarlo, para descubrir e investigar esas partes que siempre has querido tener a tu capricho y nunca te has atrevido.
Puedes acariciar y excitar como gustes. No necesitas ni siquiera tocarlo. Tienes la facultad de inflamarlo sólo con estar presente.
Desnúdate despacio en un lugar bien visible, puedes hacer un streptease como tú sabes que le gusta. Luego, pasa suavemente tus dedos por su cuerpo, y si previamente los has mojado en tu boca de forma sugerente, ¡mejor!.
Lo perfecto de esta escena es que él no puede hacer nada, no puede tocarte… ¡Estás tan cerca y tan lejos al mismo tiempo! Cuando notes que ya no puede más, dale el placer que desees, con la mano, con la boca o guiando tú misma su pene dentro de ti.
Hazle el amor como más te guste; por esta vez tú mandas.
Cuando es ella la sometida…
Eres totalmente su dueño. Su cuerpo se abre ante ti y tuyo es el poder de agradar o de negar. Cúbrela de besos, que sienta el peso de tu cuerpo sobre el suyo. Estimúlala con tu lengua, hazle un sexo oral largo y cuando notes que esté a punto, para y espera un poco. Hazle sentir que tú eres, también, el dueño de su placer.
Después, penétrala como más te guste. Tienes a tu alcance la oportunidad de sentir cómo la llevas al orgasmo sin que ella pueda hacer nada para remediarlo.
No importa el tipo de ataduras que elijáis, lo importante es que la sesión sea placentera para los dos. Es importante que os pongáis de acuerdo en la contraseña para parar y que la respetéis. Es muy fácil pasarse y que, lo que empezó como algo divertido y placentero, se convierta en una pesadilla.
Cuando alguno de los dos quiera parar, es importante estar dispuesto a renunciar al propio placer por el bienestar del otro. Si seguís a rajatabla estas normas, descubriréis que un poco de “sado light” puede hacer mucho para reanimar una relación adormecida por la rutina.
Consejos
- Es importante tener a mano un cuchillo afilado o unas tijeras por si se presenta alguna emergencia.
- Respetad el código establecido para parar, y que este código no se confunda con las normales exclamaciones de clemencia, que son la salsa de este tipo de prácticas.
- No pongáis las ataduras demasiado fuertes. Aseguraos de que podéis pasar los dedos entre la atadura y la piel.
- No os durmáis despues del orgasmo dejando al otro atado, pueden ocurrir imprevistos muy desagradables.







