¿Disminuye la masturbación el deseo sexual?


Masturbacion y deseo sexualUno de los temores que le puede surgir a uno de los miembros de una pareja que tienen pocas relaciones sexuales es que el otro (o la otra) esté satisfaciéndose por su cuenta, implicando a una tercera persona o a solas.

Cada persona tiene un tono sexual diferente; unas son “más sexuales� que otras. Ese tono sexual es el que genera el “apetito� sexual; razón por la que siempre habrá unas personas con mayor apetito que otras, con independencia de su edad y sexo. Y ese “apetito� es el que genera el “deseo�. Tales conceptos son propios de cada cual e independientes de los demás. Por eso, que alguien “desee� más a otro no significa que este otro resulte más deseable (que también: existen personas que tienen un mayor atractivo sexual intrínseco que otras), sino que quien desea es muy “anhelante�.

La masturbación y las relaciones sexuales satisfacen necesidades diferentes
La masturbación y las relaciones sexuales con otra persona suelen satisfacer necesidades psicológicas y físicas diferenciadas que son propias de cada cual, no sólo el deseo sexual. Mientras que la primera gratifica la necesidad de disponer de un espacio íntimo propio, la segunda satisface la apetencia por compartir esa intimidad con otra persona. Ambas necesidades coexisten y no se sustituyen la una por la otra.

En lo que se refiere exclusivamente al deseo sexual, la masturbación es el procedimiento que permite resolver una situación en el momento que a cada cual le apetezca, de forma urgente o diferida. Mientras que los encuentros sexuales exigen la disponibilidad de la otra persona y puede diferir el alivio de la tensión sexual acumulada más tiempo.

A veces se utiliza la masturbación como un instrumento
En el apogeo de la adolescencia, cuando el deseo sexual es intenso y se despierta ante el menor estímulo pertinente (en ambos sexos), la masturbación, por frecuente que sea no reduce el deseo sexual. Procura una satisfacción momentánea del mismo, pero no lo disminuye. Esta sería una buena razón para argumentar que el deseo sexual no disminuye por la práctica del “amor propio�. Bien es cierto que éste puede frenar momentáneamente la urgencia de la satisfacción. De hecho, existen numerosos testimonios femeninos sobre la práctica de la masturbación antes de las citas para acudir calmadas a las citas y poder mantener a raya a los chicos con la cabeza fría y la líbido a niveles mínimos.

Pero esto no sucede a largo plazo. De hecho, esas chicas que han conseguido evitar los envites masculinos, terminan volviéndose a excitar de nuevo, con las proposiciones de los chicos, y a necesitar calmar sus deseos cuando se encuentran de nuevo a solas en casa.

Todo ello depende siempre del tono sexual de cada cual.

En la práctica, las cosas son de otro modo
Otra observación realizada entre los hombres y las mujeres emparejados es que no por tener relaciones sexuales dejan de masturbarse. Lo que habla a favor de que ambas actividades satisfacen necesidades diferentes y no actúan la una en contra de la otra.

Entre los hombres emparejados se observa una disminución paulatina de la frecuencia de la masturbación, primero, y de todo tipo de actividad sexual, después, conforme avanza la edad. Este comportamiento podría deberse a cuestiones biológicas, o a una respuesta a los mandatos de refreno sexual que reciben los hombres desde la sociedad, desde la adolescencia, a lo largo de sus vidas.

En las mujeres que mantienen relaciones sexuales, sin embargo, se observa que se mantiene la misma frecuencia autoerótica, o aumenta, a lo largo del tiempo, manteniéndose a esos mismos niveles durante prácticamente toda su vida. Es como si el hecho de tener relaciones sexuales incrementara el deseo sexual general, al principio, y sustituyera la menor propensión de sus parejas a las relaciones sexuales en edades posteriores.

En cualquier caso, no parecen existir más razones que las de tipo individual para justificar que la masturbación pueda hacer descender el deseo sexual. Salvo, claro está, que se practique de un modo compulsivo y reiterado sin dar tiempo a que el organismo recupere el deseo. Pero entonces, la cuestión no se centraría tanto en la masturbación en sí, que aquí no sería más que un mero instrumento, sino en las razones que tendría una persona para actuar de ese modo.

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