Relaciones a distancia: ¿pueden llegar a funcionar?


Relaciones a distancia: ¿pueden llegar a funcionar?Cómo mantener los lazos fuertes cuando tu pareja vive muy lejos de ti. Aunque no hayas visto la película Algo para recordar seguro que alguna vez te has preguntado: ¿Estará mi alma gemela a muchos kilómetros de distancia… quizás en la otra punta del país o al otro lado del mundo?.

Hace aproximadamente diez años seguramente nunca llegarías a averiguarlo: tus posibilidades se reducían al chico diez que trabajaba en tu oficina o al amigo soltero de tu vecino. Pero ahora, gracias a la búsqueda de pareja por Internet, se pueden encontrar posibles parejas en cualquier sitio y las relaciones a distancia son más frecuentes que antes.

Por supuesto, nadie puede decir que las relaciones a distancia (o RD) sean fáciles. Hay que pasar por vuelos largos, viajes en coche, los efímeros fines de semana juntos y los largos períodos de tiempo entre éstos. Además, las RD pueden ser confusas. Parece que necesitan sus propias normas (la exclusividad y el compromiso aparecen mucho antes, así como las exigentes “charlas de pareja”). Aún así, hay muchas parejas que tienen relaciones satisfactorias y que acaban estando juntos para siempre. Si estás abierto a la posibilidad de una relación a distancia, aquí te damos algunos consejos para que acabéis “viviendo felices y comiendo perdices”.

Preguntaos: ¿estáis dispuestos a dejar vuestra ciudad? Sí, justo al principio sólo unas semanas después de empezar a salir juntos. Después de todo, si los dos contestáis “Ni hablar, jamás”, ¿para qué seguir? Te sugerimos un, “Oye, me gustas y no estoy diciendo que haya llegado el momento de irnos a vivir juntos. Está claro que estamos empezando. Pero me estaba preguntando si alguna vez te has planteado cambiar de ciudad”.

Negociar vuestras visitas… si queréis que dure vuestra RD es conveniente hablar claramente acerca de la frecuencia con la que os vais a ver. Primero, pensad en cuánto tiempo os gustaría pasar juntos si vivierais en el mismo sitio. Imaginaros que la distancia y la consiguiente limitación de tiempo y dinero no existen. ¿Os gustaría veros todos los fines de semana? ¿Una vez a la semana? (En este punto, puede que os deis cuenta de que si alguno de los dos es de esa clase de personas que necesita acurrucarse en el sofá con su pareja cinco noches a la semana, las RD no están hechas para vosotros). Ahora, volvamos a la respuesta y pongamos vuestras circunstancias en la ecuación para averiguar cuánto os podéis acercar a ese ideal sin arruinaros ni tener que pasar la mayor parte de vuestro tiempo en la carretera.

La siguiente pregunta es ¿Quién viaja y quién acoge? Un consejo sorprendente: no tenéis que dividir los viajes a partes iguales. Siempre que haya una buena razón, no hay problema en que una de las partes sea la que haga las visitas. Sugerimos una técnica de mediación para suavizar esta discusión: “Intenta ponerte en el lugar de la otra persona y escucha todos los motivos por los que cree que deberías ir tú a su casa”.

Entre los que pueden estar: normalmente yo trabajo los fines de semana; Soy estudiante y por lo tanto no tengo dinero para pagar el billete; Tengo un bebé y/o un gato necesitado; o incluso, podemos hacer muchas más cosas en mi ciudad que en la tuya. Una vez que tengáis todas las razones sobre la mesa los podéis ordenar según su importancia y decidir dónde ir cada vez.

Si las visitas suelen ser en casa de uno de los dos, podéis igualar el marcador de otra forma. Carla viajaba desde Oviedo hasta Cádiz para ver a su pareja porque él nunca había cogido un avión y no tenía ningunas ganas de hacerlo. Para compensar esos gastos él se hacía cargo del resto de pagos durante la visita. Y renegociar vuestras visitas si las cosas funcionan…

Os daréis cuenta de que vuestro calendario de visitas se tiene que ajustar a medida que se desarrolla vuestra relación. Aborda el tema en cuanto sientas que las cosas no funcionan: “Ya sé que dijimos que nos íbamos a ver una vez al mes pero ahora no me parece suficiente. Te echo de menos. ¿Podemos buscar la forma de que nuestras visitas sean más frecuentes?” Si nunca establecisteis las reglas, ahora es el momento de hacerlo: Creo que esta relación va muy bien y me gustaría verte por lo menos dos veces al mes. Vamos a hacer que ésta sea nuestra prioridad porque es fácil encontrar otras cosas que hacer los fines de semana y nunca encontraríamos tiempo para vernos”.

Olvídate de tu pequeña isla durante las visitas: cuando estéis juntos, evita la tentación de comportarte como si estuvieras en tu pequeña isla privada. No ignores al resto del mundo: si estáis todo el tiempo los dos solos, vuestra relación existirá dentro de una burbuja frágil que se romperá cuando empecéis a relacionaros con otra gente. Quedad con otras parejas, con los amigos o con la familia y asistid a fiestas desde el principio. Para llegar a conocer a tu pareja es necesario ver cómo se desenvuelve en el mundo; además, enfrentándoos al mundo juntos vuestra unión será más fuerte.

Mantened al margen los celos estando informados.
Entre visita y visita, es importante estar ocupado y esto incluye hacer nuevos amigos y seguir yendo a fiestas, al cine, a cenar, a los encuentros del grupo de punto de cruz o al club de ajedrez. Pero es fácil ponerse paranoico con cómo pasará su tiempo tu pareja. Para aseguraros de que ninguno de los dos está tomando un camino equivocado, debéis informaros mutuamente acerca de con quién pasáis vuestro tiempo. Salpicar las descripciones con un “Me encantaría que estuvieses aquí para que pudieras conocer a mis nuevos amigos”, así tu pareja no se sentirá amenazada.

Evitar pasar todo el tiempo con la misma persona ya que podría convertirse en vuestra “sustituto de pareja” y en una tentación. Es mejor salir con mucha gente. Si a tu pareja le sigue costando confiar en ti, aunque seas como un libro abierto acerca de tus nuevos amigos y llames cada vez que dices que lo vas a hacer, no hay mucho más que puedas hacer. Puedes decir “Creo que estoy haciendo todo lo que puedo para tranquilizarte. Me pregunto si te costaría tanto confiar en mí si viviésemos en la misma ciudad”. Haz preguntas para descubrir dónde está el problema.

Por ejemplo, “¿Te preocupa que tenga muchos amigos y que sea muy sociable o hay algo en concreto que te haga dudar de mi fidelidad?” No podrás solucionar el problema hasta que no sepas cuál es. Aunque estés dispuesto a ceder en ciertos puntos, puede que ver a tus amigos sea algo a lo que no piensas renunciar. Puede que los dos os deis cuenta (o puede que sólo tú lo veas así) de que tu pareja no está hecha para una RD.

Programad vuestras charlas “Tenemos que hablar”.

Puede que prefiráis tener una “conversación de pareja” cara a cara pero cada momento del fin de semana parece demasiado valioso para tratar un asunto espinoso como “Me sentó fatal que no me devolvieras las llamadas durante tres días la semana pasada” o “¿Por qué nunca hablamos del futuro?” Es necesario que lo programéis para el momento adecuado. Roberto e Isabel (que ahora viven juntos en Madrid) lucharon contra este problema hasta que se fueron a vivir juntos. ¿Su solución? “Decidí que si teníamos una conversación delicada pendiente”, dice Isabel, “la sacaría el sábado por la tarde. De esta forma, todavía quedaba tiempo para salvar el fin de semana”.

Manteneos informados acerca de los pequeños detalles.
Sabes que tenéis que hablar con frecuencia pero no olvidéis hablar de las cosas pequeñas así como de las más importantes. Son esos pequeños detalles de cada día los que os ayudarán a sentir que os conocéis a fondo. Si podéis, hablad por teléfono, mandad e-mails o mensajes al móvil frecuentemente. Para algunas parejas esto significa varias veces al día; para otras varias veces a la semana. Estableced vuestro propio ritmo pero probablemente querréis estar en contacto de este modo más a menudo que las parejas que viven en la misma ciudad. Sonia, que dejó a su novio en Bilbao para ir a hacer un curso de verano a Londres., usó este truco para estar en contacto con su chico: “Una vez lo llamé sólo para decirle que había encontrado una tienda 24 horas en el barrio”.

No hagáis la despedida más difícil de lo necesario .
Hay un tipo de pelea que sólo se da en las RD. Se llama la pelea “voy-a-sincerarme-justo-antes-de-irme” y suele ocurrir unas horas antes de la despedida. No caigáis en este error. Sed conscientes de lo que está sucediendo: no estás enfadada porque no haya bajado las tapas una vez más; estás disgustada por la distancia. Lo que te molesta es que no os vais a volver a ver en quince días. Carla, que acaba de ir a vivir con su novio, solía empezar este tipo de peleas y disfrutar del silencio que provocaban. “Sinceramente, era más fácil tener estas discusiones y no llamarle hasta 24 horas después de marcharme”, Carla reconoce.

Múdate o rompe.
Las RD finalmente tienen que acabar, bien en una ruptura o bien por una mudanza y un cambio de situación. Si empezáis a hablar acerca de quién de los dos se va a mudar, intentad poneros en el lugar del otro una vez más. Explícale a tu pareja por qué crees que no deberías mudarte tú. Cuando tengáis todos los factores sobre la mesa, ordenadlos.

La persona que deja su ciudad puede establecer un período de prueba, por ejemplo, “Estoy dispuesto a ir a vivir contigo pero no estoy segura de que quiera estar allí toda la vida. ¿Por qué no probamos durante un año?” Después de un año, la persona que se ha mudado tiene derecho de veto en la siguiente decisión. Si ha llegado el momento de terminar la relación, tenéis una excusa válida: la distancia. En lugar de “No es culpa tuya, soy yo”, puedes decir “No es culpa de ninguno de los dos, es la distancia.

Ya no puedo soportarlo más”. Y puedes estar seguro de que no irás a uno de tus garitos favoritos y te encontrarás allí a tu ex con su nueva pareja. Todos esos puntos que has acumulado con tu tarjeta de viajero frecuente ¡disfrútalos con unas vacaciones para ti solo o guárdalos para la próxima relación a distancia!

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