Elimina calorias de tus recetas sin eliminar sabor
Bajar las calorías a esa receta tan suculenta puede parecer un imposible, pero es cuestión de seguir algunos pasos simples. Aprende a no eliminar sabor y al mismo tiempo esquivar las grasas leyendo esta nota.
Todos tenemos debilidad por un plato… o por varios. Generalmente todo lo sabroso de nuestra comida preferida tiene su correlato en el número de calorías que posee. Más sabor igual a más kilos no es una buena ecuación. Para convertir un plato que engorda en uno saludable, sólo basta recordar algunas sencillas indicaciones.
Identifica todos los elementos ricos en calorías en la receta original.
Haz una lista de productos de bajas calorías que puedan ser candidatos a reemplazarlos.
Para esto empieza poco a poco. Comienza por sustituir una porción de los productos originales por aquellos bajos en calorías, y ve comprobando cuánto afecta al sabor y la consistencia del plato original.
En ocasiones conviene dejar una mínima porción de grasas para que el plato no pierda identidad. Además, recuerda que eliminar por completo las grasas tampoco es saludable. Si cocinas al horno, una pequeña cantidad de grasa es imprescindible para dar cuerpo al plato.
Si tu receta lleva huevos, reemplázalos con algún sustituto. Un huevo tiene 4 veces más calorías que sus sustitutos más comunes, como por ejemplo el tofu.
En aquellos platos dulces que se hacen al horno, reemplaza los aceites, mantecas o margarinas por puré de frutas.
Usa leche descremada o baja en calorías en lugar de leche entera.
Usa mayonesa descremada o crema baja en calorías en vez de la normal. El yogur descremado y sin sabor también es un buen candidato para el reemplazo en estos casos.
Quita la piel de las aves de corral, ya sea antes de cocinarlas o después. El pollo, por ejemplo, se secará si se cocina sin piel, así que lo sensato es asegurarse de que no llegue a la mesa removiéndola después de cocido.
El aceite de oliva agrega mucho sabor a sus comidas, cierto, pero también muchas calorías. Prueba reemplazarlo con margarina baja en calorías y si no es suficiente a los efectos deseados, controla la cocción y agregue agua periódicamente si la comida se pega.
Aprende dónde la grasa puede marcar una diferencia de calidad en el sabor y dónde se puede prescindir sin mayores problemas de ella. Esto lo da la experiencia (o sea, la cantidad de horas que pases en la cocina) y también la experimentación. Recuerda ir probando las sustituciones de productos de a poco, para poder ver mejor los resultados.
Balancea la reducción de ingredientes ricos en grasas con aderezos. Esto quizás modifique el sabor original del plato, pero rara vez lo convertirá en una comida insulsa y sin personalidad.
Aprende a encontrarle el gusto a las comidas bajas en calorías. Hasta a la más triste receta light se le puede encontrar un giro gourmet. Prueba con ingredientes impensados (cuanto menos calorías tengan, mejor) hasta crear platos personales y alcanzar sabores que jamás imaginaste.
Recurre a ingredientes vegetarianos. Los vegetarianos son expertos en encontrar reemplazantes naturales para cada elemento con una cuenta de calorías elevada.
No te olvides del caldo. Un poco de caldo saborizado puede ser un excelente sustituto para la manteca o el aceite.
Recurre a la versatilidad de la mayonesa. Un poco de mayonesa baja en calorías sirve para reemplazar el aceite en las tortas.
¿No puedes resistirte a esos aderezos altos en calorías? Prueba mezclándolos con crema baja en calorías o yogur, de acuerdo a su gusto personal. El resultado te sorprenderá.
La leche en polvo es tu amiga. La leche condensada y baja en calorías le agrega mucha consistencia a un plato, además de eliminar grasas. El dato es ideal cuando se piensa en un postre sabroso y no se quiere poner en riesgo la dieta.
Menos cantidad, más calidad. Nunca es lo indicado eliminar por completo las grasas de la dieta, ya se ha dicho antes. Por eso, si algún producto bajo en calorías o descremado es verdaderamente incomible, prueba reduciendo drásticamente las raciones de calorías.
Si no puedes dejar el pan… ¡al menos abandona a sus acompañantes! Si el pan es ineludible en tu dieta, por cuestión de costumbre o de simple gusto, nada de mantequilla ni mermelada. Disfruta del sabor singular del pan fresco, y si es tostado mejor.
Sigue todos estos consejos, pero no seas extremista. No es saludable eliminar completamente las grasas de su dieta. En promedio, entre el 20 y el 30 % de tus calorías deben provenir de las grasas.
Estos consejos te servirán para tener una dieta más sana sin perderse sabor original.







