¿Estamos preparados para vivir juntos?
Miércoles, Marzo 26th, 2008
Esta es una pregunta que muchos se hacen si una relación sentimental va “viento en popa”. Pero cuando la situación realmente se presenta, aparecen todo tipo de fantasmas y miedos.
“Nos queremos. Nos llevamos bien. Tenemos objetivos comunes y planes a futuro. ¿Por qué no nos vamos a vivir juntos?”.
Esta es una situación bastante común entre las parejas establecidas. Y aunque parezca fácil decir, simplemente, “sí”, no lo es en absoluto.
Es en estos momentos cuando una catarata de cuestiones que nunca habían sido charladas entre los novios, salen a la luz. Y aparecen así las preguntas, los cuestionamientos y las dudas.
Consultada por Infobae.com, la Licenciada Cristina Castillo* afirmó: “Lo más complicado es cuando uno de los miembros quiere convivir y el otro no, pero resigna esta cuestión para conformar al otro. Cuando prevalece la decisión de uno de los dos es el problema”.
Las excusas
Según la licenciada, no existen excusas -en el sentido estricto de la palabra- para no querer convivir, sino dificultades que comienzan a plantearse y que antes no habían sido tenidas en cuenta.
Sin embargo, sí se pueden señalar una serie de tópicos bastante comunes que se exponen al momento de negarse a la convivencia. “Se suele poner como ‘traba’ el factor económico, es decir, la economía doméstica, que es algo que va más allá de quién sostiene la casa: se relaciona con qué se espera de las posiciones masculina y femenina”, señaló Castillo.
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Con frecuencia, se escucha a las parejas quejarse y decir “yo quiero y ella no”, o viceversa. La falta de “sintonía sexual” en las parejas es más frecuente de lo que se piensa, sin embargo, tener diferentes “sintonías sexuales” no debe ser motivo para dejar de tener sexo o para alarmarse más de la cuenta, ni mucho menos para dar por concluida una relación.
Se ha tardado siglos en destruir el mito que ligaba de forma exclusiva e indisoluble la sexualidad y la procreación. Se ha luchado por reivindicar el placer de la sexualidad. Pero, para muchas parejas la procreación es un deseo irrefrenable.